El Estado colombiano busca recuperar la soberanía territorial de Santa Marta frente a organizaciones narcoterroristas bajo el gobierno de Abelardo De la Espriella.
El Estado colombiano, bajo el gobierno de Abelardo De la Espriella, enfrenta a organizaciones narcoterroristas para recuperar el control territorial y la soberanía de Santa Marta y del departamento del Magdalena, zonas que han quedado en manos de grupos criminales. La obligación del Estado es enfrentar, someter y derrotar a quienes desafían su autoridad, una tarea que ahora se cumple en esta región del Caribe colombiano.
Historia de desafíos criminales en Colombia
A lo largo de su historia, el Estado colombiano ha sido retado por distintas organizaciones criminales. A finales de los años 60 y hasta buena parte de los 80, los grupos subversivos, entre ellos las Farc y el ELN, representaron un desafío con motivaciones políticas.
Ese ropaje político desapareció a mediados de los 80 con la irrupción del narcotráfico, que terminó permeando y hasta cooptando buena parte de la sociedad colombiana, tanto legal como ilegal. Hoy lo que existe en Colombia son organizaciones narcoterroristas, financiadas con el tráfico de drogas, la minería ilegal, el secuestro y la extorsión.
Ello incluye a aquellas organizaciones delictivas que pudieron tener una motivación política en su origen, como el ELN y las propias Farc. Ninguna se salva de esa transformación hacia el narcoterrorismo.
Derrota de los carteles de la droga
El Estado colombiano también enfrentó a organizaciones puramente narcotraficantes que se atrevieron a retarlo. A finales de los 80 y comienzos de los 90, los tristemente célebres carteles de la droga, especialmente los de Medellín y Cali, con Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela a la cabeza, desafiaron a las autoridades colombianas y de Estados Unidos.
Ambos carteles fueron derrotados por el Estado. Esa guerra produjo miles de muertos, especialmente de colombianos ilustres y connotados, como ministros, generales del Ejército y la Policía, magistrados de altas cortes, jueces y directores de distintos medios de comunicación. Aunque costó sangre, sudor y lágrimas, a la postre el Estado colombiano sometió a los criminales.
Fracaso de la paz total y fortalecimiento criminal
Durante el gobierno de Gustavo Petro, el Estado decidió negociar con los narcoterroristas en lugar de enfrentarlos con determinación, con la esperanza de lograr la pacificación nacional. Pero fracasó en su intento. La llamada paz total es el mayor fiasco en la historia nacional en lo que tiene que ver con la negociación con organizaciones armadas ilegales. No hay un solo caso exitoso para mostrar.
Petro no solo no combatió a las organizaciones narcoterroristas, sino que permitió su fortalecimiento. Es el caso de las llamadas Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), que crecieron de forma exponencial durante los cuatro años de su gobierno.
El poder terrorífico de las ACSN se concentró en Santa Marta, que acabó controlada en buena parte de su territorio por bandidos de la peor calaña, como alias Bendito menor, Cholo y Pinocho. Los dos primeros fueron dados de baja por cuerpos élites de Ejército y Policía, mientras el tercero anunció su disposición a someterse al Estado colombiano.
Recuperación de la soberanía en Santa Marta
El presidente De la Espriella ya le lanzó un mensaje perentorio a Pinocho: voy por ti, Pinocho, tú sigues. Con el Tigre Abelardo en la Presidencia, el Estado colombiano hace en Santa Marta lo que sus antecesores no hicieron: recuperar la soberanía territorial que estaba en manos de los criminales, quienes terminaron sometiendo la población a su macabra voluntad.
A ese poder mafioso descomunal que tenía cooptada a Santa Marta es al que se enfrenta el presidente De la Espriella a nombre del Estado colombiano. No se trata de hacer show, como dicen quienes por cobardía o interés permitieron la expansión de los delincuentes en la ciudad, sino de cumplir con la obligación constitucional de enfrentar a las organizaciones narcoterroristas para garantizarles la seguridad a los habitantes de Santa Marta.
En esa misión compleja y difícil todos los colombianos deben acompañarlo. No es un enemigo pequeño al que se enfrenta el Gobierno nacional. Todo lo contrario: es un enemigo gigante, con tentáculos en distintos sectores de la sociedad.
El gobierno de Abelardo De la Espriella está decidido a recuperar el control territorial y la soberanía de Santa Marta y del Magdalena, hoy en manos de organizaciones narcoterroristas. La pregunta que surge es con qué armas cuenta el gobierno para enfrentar y someter a los grupos criminales, y si podrá derrotar a quienes por décadas han tenido y ejercido el control territorial en la Sierra Nevada y en especial en Santa Marta.
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