‘Estamos empezando a dimensionar el poder de la microbiota’: Ana María Porras, la científica colombiana entre los 101 líderes latinos más influyentes

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‘Estamos empezando a dimensionar el poder de la microbiota’: Ana María Porras, la científica colombiana entre los 101 líderes latinos más influyentes
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La ingeniera biomédica colombiana estudia cómo los microorganismos influyen en la salud humana a través de la ingeniería de tejidos y el microbioma.

‘Estamos empezando a dimensionar el poder de la microbiota’: Ana María Porras, la científica colombiana entre los 101 líderes latinos más influyentes La ingeniera biomédica colombiana estudia cómo los microorganismos influyen en la salud humana a través de la ingeniería de tejidos y el microbioma.

Latino Leaders Magazine se publicó la lista de los 101 latinos más influyentes en los Estados Unidos. Bad Bunny, de los deportes como Lionel Messi,una mujer colombiana logró un destacado espacio en el listado.con PhD de la Universidad de Wisconsin y posdoctorado en la Universidad de Cornell, Porras lidera investigaciones encaminadas a mejorar la comprensión dePero además es una destacada divulgadora científica y una acérrima defensora e impulsora de comunidades científicas más inclusivas que están cambiando el papel de los latinos en uno de los entornos académicos más exigentes y cerrados del mundo.

Tal ha sido su influencia que fue homenajeada por el prestigioso Instituto Smithsoniano con una de las 120 estatuas construidas en 2022 en honor a las científicas más importantes del momento. Fue una sorpresa. Me habían contactado desde la revista, pero no la conocía mucho y, sobre todo, no sabía qué otras personas iban a estar en el listado.

Cuando vi la magnitud de la influencia de las demás personas que están ahí —la jueza Sonia Sotomayor, de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos; Bad Bunny; Leo Messi; Pedro Pascal; Lido Pimienta—, entendí que era un honor muy grato. Soy hija de dos profesores universitarios de la UIS, ambos ingenieros, así que la ciencia y la ingeniería siempre estuvieron muy presentes en mi vida.

Cuando me gradué del colegio no sabía qué quería estudiar, y creo que vale la pena mencionarlo porque me parece importante. Fue después cuando mi mamá visitó la Universidad de Antioquia y allí se enteró de que existía la ingeniería biológica; eso fue revelador para nosotras, porque no sabíamos que se podía estudiar biología e ingeniería al mismo tiempo.

Empezamos a investigar y así llegué a la ingeniería biomédica, y ahí nació mi pasión por mezclar la ingeniería con la resolución de problemas médicos. La decisión de seguir en ciencia e investigación específicamente vino ya en la universidad: empecé a trabajar en un laboratorio, a hacer investigación, y descubrí que me gustaba intentar resolver preguntas que nadie más había resuelto. A partir de ahí decidí hacer un doctorado y profundizar un poco más en este campo.

¿Por qué estudiar en Estados Unidos? ¿Era muy difícil desarrollar una carrera científica desde Colombia en esa época? Yo me gradué del colegio en 2005, y en ese momento —ese panorama ha cambiado mucho en los últimos 20 años— eran muy pocas las universidades en Colombia que ofrecían la carrera de ingeniería biomédica, y las que la tenían estaban más orientadas hacia dispositivos y aplicaciones electrónicas de la ingeniería biomédica.

A mí lo que más me gustaba era la parte biológica: trabajar en un laboratorio con células y cosas de ese estilo. Por eso empezamos a investigar cómo sería venirme a Estados Unidos. Obviamente fue difícil y costoso, pero tuve la fortuna de contar con el apoyo de mis papás y, en esa época, con una beca de Ecopetrol. ¿Qué diferencias identifica entre el ecosistema científico y el hacer ciencia en Colombia y en Estados Unidos?

Creo que la diferencia más grande es que la financiación para hacer ciencia en Estados Unidos es mucho mayor. Otra diferencia que a veces me impacta, en este caso de manera positiva, es que, por la misma escasez de recursos, en Colombia hay una gran capacidad de creatividad y de planeación.

Aquí en Estados Unidos, en cambio, a veces tenemos tantos recursos que, honestamente, en algunos casos los malgastamos, porque no pensamos tanto las cosas antes de hacerlas, ya que sabemos que si queremos repetir un experimento hay recursos para hacerlo. ¿En qué consiste la investigación que adelanta, en términos simples, y por qué es tan importante el estudio de los microorganismos y su relación con las enfermedades en el ser humano?

En los últimos 15 o 20 años hemos aprendido que los microorganismos que habitan dentro de nosotros, sobre todo en los intestinos, ejercen un gran control sobre nuestra salud. Seguramente los lectores han visto en redes sociales recomendaciones de tomar tal probiótico o de hacer una desintoxicación para resetear la microbiota.

Estamos empezando a dimensionar la gran influencia que tienen sobre nuestra salud, pero algo que tal vez la gente no conoce es que el campo es tan nuevo que en realidad no sabemos con tanto detalle qué hacen exactamente los microorganismos ni qué los lleva a que nos dé una enfermedad u otra. Lo que hacemos en el laboratorio es intentar entender esos mecanismos y esas relaciones entre los microorganismos y nuestros tejidos humanos, para que en el futuro podamos saber con mayor certeza qué probiótico, qué bacteria específica o qué tipo de alimento consumir para ayudar a restaurar alguna función de esos microorganismos y ser más saludables.

Si uno se mete a redes sociales, pareciera que ya lo entendemos todo sobre los microorganismos, pero en realidad apenas estamos en la infancia de este campo. Tampoco conocemos tanto sobre la microbiota de las poblaciones en Latinoamérica, así que en algunos proyectos del laboratorio buscamos colaboradores en la región; dentro de poco, por ejemplo, va a salir una publicación en colaboración con la Universidad de La Sabana, en la que estuvimos analizando la microbiota de niños en Colombia.

¿Qué es lo que más le preocupa de esa conversación en materia pública, en cuanto a falsos mitos y creencias que se estén divulgando? No es solo la desinformación, sino que en muchos casos los creadores de contenido no solo la divulgan, sino que además intentan vender productos a la gente. Se aprovechan de que las personas tienen dudas o problemas de salud y terminan engañadas con base en información que no es veraz.

Sabemos, por ejemplo, que consumir una variedad de frutas, vegetales y alimentos fermentados es muy positivo para mantener una microbiota diversa y saludable. También que tenemos microbiota en la boca, y uno de los mejores consejos para cuidarla es tener una buena higiene oral, porque ya estamos empezando a entender que esas bacterias pueden viajar a los intestinos y a otras partes del cuerpo, y hoy están correlacionadas con otras enfermedades.

Y también que, cuando aparece un nuevo estudio sobre microbiota, hay que tener cuidado, porque a veces son estudios en ratones o en poblaciones de Estados Unidos o Europa, y todavía no sabemos muy bien cómo esos resultados se trasladarían a poblaciones latinoamericanas, que tienen una microbiota completamente distinta. Obviamente hay un componente genético, pero también influye, por ejemplo, la dieta, y las dietas latinoamericanas son distintas a las de otras partes del mundo.

Incluso muchas personas en Latinoamérica vivimos en zonas urbanas con alta densidad de población, y eso también puede influir, al igual que el contacto con la naturaleza o tener o no mascotas. En mi posdoctorado, por ejemplo, hice un estudio en el que comparamos la microbiota de personas que viven en las Islas Fiyi, en Estados Unidos y en Guatemala, y encontramos que las microbiotas de Fiyi y Estados Unidos eran completamente distintas, mientras que la de Guatemala era como una mezcla de las dos.

Todavía nos falta entender qué aspectos son universales para todos los seres humanos y cuáles son más específicos de ciertas poblaciones. Creo que puede haber algunos probióticos que nos funcionan a todos, pero en mi opinión profesional todavía nos faltan muchos datos para confirmarlo. Con lo que se sabe hasta ahora, ¿cuáles serían los cambios alimenticios más urgentes que una persona debería hacer para tener una mejor salud?

Sobre todo, consumir fibra: hay varios vegetales con bastante fibra, las legumbres en general y los granos. También es buena idea diversificar los vegetales que se consumen. Y, si se puede, consumir alimentos fermentados, como kumis o yogur. En Colombia, desafortunadamente, no tenemos eso tan normalizado en la dieta; en Corea del Sur, por ejemplo, comen muchas cosas fermentadas, como el kimchi.

En lo personal, intento consumir kéfir, kumis o yogur todas las mañanas, porque los alimentos fermentados normalmente ya traen microorganismos beneficiosos. El estudio de los microbiomas no solo se enfoca en temas gastrointestinales. ¿Cómo terminan estos microorganismos afectando aspectos como la circulación? Cuando comemos alimentos, una de las principales funciones de la microbiota intestinal es procesarlos, y lo hace convirtiéndolos en moléculas cada vez más pequeñas, llamadas metabolitos.

Esos metabolitos son tan pequeños que les resulta fácil atravesar barreras como las de los vasos sanguíneos, llegar a la sangre y así a toda la circulación del cuerpo, y llegar a otros órganos. Por ejemplo, un metabolito llamado TMAO ya se ha relacionado con la aterosclerosis.

En nuestro caso, estudiamos el impacto de esa molécula en la válvula aórtica, que controla el paso del flujo de sangre del corazón al resto del cuerpo, y hemos visto que si alimentamos las células de esa válvula con ese metabolito, empiezan a comportarse como células enfermas. Algo que tal vez la gente no sabe es que la microbiota intestinal también puede producir neurotransmisores y vitaminas, por lo que podría tener un efecto sobre nuestro estado de ánimo y el cerebro.

Empecé con esta idea de la divulgación científica en 2018. Estaba en un festival de ciencia donde nuestra mesa era sobre microorganismos, y en ese mismo festival también estaban Discovery Channel y la Nasa, con trajes de astronauta y tiburones. Pensamos: ¿cómo vamos a traer personas a nuestra mesa? Entonces se me ocurrió que, como yo sabía hacer crochet, podía tejer unas bacterias.

A todos les pareció una idea muy rara, pero al final fue un éxito: fue una gran manera de atraer gente a nuestra mesa y de enseñar conceptos básicos. Me gustó tanto que decidí hacer mis propios patrones de crochet y probar en redes sociales. En pandemia, por ejemplo, fue muy útil para explicarle a la gente sobre el covid y sobre las vacunas de ARN mensajero. La idea ha evolucionado un poco.

Escribimos con una amiga una opinión sobre la importancia de la divulgación científica multilingüe para otros científicos. Eso ha hecho que otras personas empiecen a divulgar ciencia en otros idiomas, no solamente en español. Son espacios muy valiosos. Latinx in BME, o Latinos en Ingeniería Biomédica, es una organización que cocreé con un amigo mío, el profesor Brian Aguado, de la Universidad de California en San Diego, que también es colombo-americano.

Cuando uno llega a Estados Unidos, muchas veces es el único latino en su departamento o en su programa. Se nos ocurrió crear una comunidad virtual para conectarnos. La comunidad ha crecido hasta tener ya más de 600 personas, con presencia en Estados Unidos, Colombia y en otras partes de Latinoamérica. Esto nos permite intercambiar ideas de investigación, pero también apoyarnos unos a otros, conectarnos con potenciales mentores, ayudar a las personas a continuar sus estudios y visibilizar nuestras contribuciones.

¿Cómo logró que su trabajo terminara ayudando a fortalecer el ecosistema científico y académico en Colombia? En mi clase de salud global de ingeniería biomédica, ya van tres años que tenemos un intercambio virtual con estudiantes de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá. Ha sido muy bueno para que los estudiantes de ambos lados tengan la oportunidad de internacionalización.

También hago parte de una organización llamada Clubes de Ciencia Colombia, que pertenece a ScienteLabo, una corporación sin ánimo de lucro a través de la cual llevamos semanas de ciencia, tecnología e ingeniería a niños de todo el país, sobre todo en comunidades rurales, donde participan de una semana entera de actividades en clubes con distintos temas, normalmente liderados por dos instructores: uno de Colombia y otro basado en otra parte del mundo. ¿Cómo ve a Colombia actualmente en términos de investigación científica y de ecosistema para la ciencia?

Hay mucho talento, de verdad. Cada vez que tengo un estudiante colombiano de visita salgo bastante impresionada por la cantidad de profesores y científicos intentando hacer lo mejor que pueden dentro de nuestro ecosistema. Lo que nos falta un poco más es inversión en investigación y desarrollo científico. Tal vez también haría falta una mayor articulación entre la industria y la academia, algo que aplica incluso para Estados Unidos.

Siento que esas cosas podrían mejorar. Y aunque sé que mucha gente ha salido del país, también hay mucha gente que quiere volver; conozco a varias personas que lo han intentado y no han encontrado trabajos o posiciones que les permitan quedarse. Creo que esa es una problemática que deberíamos buscar solucionar, porque no es por falta de talento. Regístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses.

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