Las razones del cierre del Gimnasio José Joaquín Casas en Bogotá: habla Jaime Leal, su dueño y director general

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Las razones del cierre del Gimnasio José Joaquín Casas en Bogotá: habla Jaime Leal, su dueño y director general
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EL TIEMPO dialogó con el académico, quien explicó las razones de la decisión y detalló qué sucederá con los estudiantes y profesores.

Las razones del cierre del Gimnasio José Joaquín Casas en Bogotá: habla Jaime Leal, su dueño y director general EL TIEMPO dialogó con el académico, quien explicó las razones de la decisión y detalló qué sucederá con los estudiantes y profesores.

, y que en diciembre graduará a su última generación de estudiantes. Leal no oculta su tristeza, pero también reconoce una realidad que, según explica, fue determinante en la decisión:, una de las principales razones por las que el icónico colegio cerrará sus puertas.el colegio nació con un propósito y un legado de su padre: ofrecer una educación personalizada.

Una misión que, reflexiona, permitió construir un colegio con una calidad educativa significativa y que, a lo largo de los años, formó a importantes figuras de la política y la vida pública. Entre sus egresados están Germán Vargas Lleras, Joaquín Gutiérrez Caballero, presidente de Ecopetrol; Camilo Sánchez, presidente de Andesco; y otras personalidades como Rafael Novoa y Miguel Barón.

Icónico colegio Gimnasio José Joaquín Casas cerrará sus puertas tras 67 años de trayectoria en Bogotá: 'La educación, como la sociedad, cambia'En la entrevista, el dueño del colegio explica que tomar la decisión de cerrarlo fue muy difícil. De hecho, ha recibido llamadas de exalumnos que le han ofrecido recursos para intentar salvar la institución.

Sin embargo, es enfático en señalar que, incluso con dinero, el problema de fondo persiste:Esto no viene de ahorita. Es una situación que se viene presentando desde hace unos años. Yo diría que desde la pandemia cambió mucho el tema de las admisiones. En un momento, los papás empezaron a ver la virtualidad como una opción y las admisiones fueron bajando.

También hay un asunto demográfico: las familias ya no están teniendo la misma cantidad de hijos que antes. Eso, evidentemente, termina afectando a los colegios.

Además, ha cambiado el estilo de vida de muchas familias. Hay personas que trabajan desde la casa, desde una finca, desde una oficina o desde cualquier lugar y no necesariamente de manera presencial. Ese tipo de vida también cambia las decisiones familiares y la forma en que se piensa la educación. ¿Qué hemos sentido nosotros?

Que las admisiones ya no son suficientes frente a la inversión que hace un colegio. Uno invierte en publicidad, en infraestructura y en muchas otras cosas, pero espera, por ejemplo, 150 o 200 niños en un proceso de admisión y terminan presentándose 30. Y hay que tener en cuenta que un colegio también pierde estudiantes cada año.

Se gradúan unos 30, se van 10 o 12 familias porque cambian de ciudad, otras se van por los costos y, si uno recibe 30 estudiantes nuevos, termina teniendo un déficit. ¿Podría hacer un paralelo de las admisiones de hace cinco o seis años con las de hoy? Hace cinco, seis o siete años teníamos fácilmente 70, 80 o incluso 100 admisiones. Hoy esas cifras se han convertido en unas 30.

Y hay casos que muestran que esto no es solamente un problema nuestro. Por ejemplo, el Marymount Campestre no se unió porque simplemente quisiera tener un colegio mixto. La unión respondió también a una necesidad de viabilidad. Los colegios de hombres o de mujeres tienen hoy una demanda diferente y ellos encontraron en la unión una manera de fortalecerse.

A mí me estaba pasando lo mismo. Venía arrastrando menos admisiones, menos admisiones y cada vez menos. Yo calculo que pueden haber bajado alrededor de un 40 por ciento. No digo que todos los colegios estén en la misma situación.

Hay colegios que se sostienen, que tienen su público y una estructura de costos diferente. Pero, si me pregunta por nuestro caso, creo que esa es aproximadamente la disminución. Actualmente tenemos 198 estudiantes. Y se acercaron más de 25 o 30 colegios a preguntarnos qué iba a pasar con ellos, porque ven una oportunidad de recibir estudiantes.

Eso también muestra la situación que están viviendo otros colegios. Yo le puedo asegurar que próximamente habrá cierres de varios colegios que antes eran grandes y que hoy se volvieron pequeños. Hay colegios que tenían más de mil estudiantes y hoy tienen 300 o 400. Y mantener una infraestructura enorme para atender a pocos estudiantes no tiene sentido.

El colegio lo fundó mi papá hace 67 años. Él fue educador, estuvo en el Cervantes y en el Nuevo Liceo. Tenía una pedagogía muy personalizada y nunca quiso masificar el colegio. Mi papá era ingeniero civil y siempre estaba construyendo.

El colegio tenía capacidad para unos 900 estudiantes, pero él nunca quiso llegar a eso porque prefería mantener un modelo personalizado. La pedagogía y el modelo educativo siempre estuvieron pensados para que el colegio no fuera masivo. Teníamos un curso por grado, con alrededor de 20 estudiantes, porque mi papá quería estar cerca de cada uno y trabajar en la construcción de su personalidad. Jodidísima.

Hay una cantidad de sentimientos involucrados. Están los exalumnos, los estudiantes, los papás y toda una comunidad. Incluso me llamó un exalumno desde Dubái y me dijo: “Le mando dos millones de dólares a su cuenta y no cierre el colegio, porque su colegio es único”. Me decía que mi papá había ayudado a sacar adelante a mucha gente y que la pedagogía del colegio era especial.

Pero el problema no es solamente tener dinero para pagar las cosas. El problema es que no hay suficientes niños. Uno puede terminar cerrando con otro colegio para tratar de aglutinar estudiantes, pero también hay colegios de 120, 150 o 180 alumnos, todos tratando de pagar el arriendo, el predial y los demás costos.

Además, hay factores que han incrementado los costos de operación. Por ejemplo, los cambios en la jornada laboral de los profesores implican mayores costos para los colegios. También está el incremento del salario mínimo, que tiene un impacto importante en las instituciones educativas. Hablemos precisamente de los números.

¿Cuánto dinero estaba perdiendo el colegio? También había una cartera de padres de familia que se iba acumulando. Hubo años en los que algunos padres perdieron sus empleos y quedaron deudas pendientes. Pero uno decía: “Si entran 25 niños nuevos, eso lo podemos recuperar con las admisiones”.

¿Cómo tomó finalmente la decisión? ¿Se reunió con los profesores y con la comunidad? Primero fue un proceso con la junta directiva. En un colegio familiar como este, donde somos tres hermanos y hay todo un legado, uno quiere mantenerlo hasta donde pueda.

Pero la junta directiva le hace ver a uno la realidad. Le dice: “Usted está tratando de mantener un legado muy bonito, muy romántico, pero mire los números”. El valor de los predios también ha aumentado muchísimo y eso tiene un impacto en los impuestos. Tengo cinco lotes y los avalúos han subido de manera importante.

Solo en prediales estamos hablando de cifras muy altas. ¿Y qué va a pasar con los estudiantes y con la planta docente? Muchos de los colegios que se acercaron estaban interesados principalmente en los estudiantes. Fueron pocos los que me preguntaron qué iba a pasar con los profesores.

Por eso hice un convenio con un colegio, el Australiano Campestre. Les dije: “Recíbanme profesores”. Mi preocupación era que los docentes y el personal de servicios generales también tuvieran una alternativa. La idea es que algunos profesores puedan continuar y que más de 100 estudiantes puedan seguir juntos en un proyecto educativo que será diferente al Gimnasio José Joaquín Casas, pero que parte de esa alianza.

También hablamos con otros colegios amigos, como el Emilio, el Santa Francisca Romana y otros colegios calendario A, para buscar alternativas para los estudiantes. Los grados más difíciles de ubicar son noveno y décimo, porque son estudiantes grandes y no todos los colegios tienen cupos disponibles para ellos.

En cambio, los de preescolar y primaria suelen tener más posibilidades. Uno informa al CADEL que tomó la decisión, como establece la ley, pero no es que el Distrito diga: “¿Qué necesita? ¿Cómo podemos ayudarle? ”.

No hubo una alternativa de ese tipo. Y vuelvo al punto principal: el problema es que no hay suficientes niños para la cantidad de colegios que existen. Solo en Usaquén, donde estamos nosotros, hay una gran cantidad de instituciones educativas. Uno tampoco ve que esa tendencia vaya a cambiar.

El Banco de la República ha estudiado el comportamiento demográfico y las proyecciones muestran que habrá menos niños en edad escolar. La tendencia es muy complicada y eso va a afectar también a las universidades. La comunidad fue muy receptiva. Están muy tristes y acongojados, pero también entienden que es una decisión responsable.

Ellos mismos son conscientes de que el colegio es grande y de que cada vez hay menos estudiantes. Ha sido difícil, pero no ha habido un traumatismo mayor. El cierre ha sido más emocional que conflictivo. Estoy muy afectado.

No puedo sentir que fue una derrota, porque se hizo mucho. Pero sí siento que perdí una batalla. Y, al mismo tiempo, cuando veo cómo ha trascendido el colegio y cómo trascendimos en tanta gente, siento orgullo por lo que se construyó. Hay tantos egresados que uno se encuentra en el día a día y que han pasado por aquí.

Terminamos el 5 de diciembre, cuando se gradúe la última generación. Queremos que sea una ceremonia muy emotiva. Vamos a entregar algunas condecoraciones a egresados que se han destacado. No necesariamente tienen que ser personas públicas.

Hay muchos decanos de universidades y personas que han hecho grandes aportes desde un perfil bajo. Queremos hacer un cierre digno. Muchos exalumnos me están escribiendo y proponiendo que hagamos algo para despedir el colegio. La idea es hacer un video institucional, un cóctel y una despedida bonita en el espacio del colegio, para cerrar esta historia como se merece.

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