La perspectiva que adoptamos ante una situación influye en las decisiones que tomamos y en los resultados que obtenemos, dice Sue Varma, psiquiatra.
'Optimismo práctico': Claves para traducir una visión esperanzadora de la vida en acciones reales La perspectiva que adoptamos ante una situación influye en las decisiones que tomamos y en los resultados que obtenemos, dice Sue Varma, psiquiatra.
Tener una visión positiva para la vida puede ayudar a las personas a enfrentar situaciones difíciles, y no porque pensar positivo resuelva por sí mismo un problema, sino porque la perspectiva que adoptamos influye en las decisiones que tomamos y, por esa vía, en los resultados que obtenemos. Así lo explica la psiquiatra Sue Varma, quien luego de 20 años tratando a pacientes con experiencias tan difíciles como los sobrevivientes de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE.
UU. , desarrolló un enfoque al que llamó ‘optimismo práctico’ para ayudar a transformar, desde una visión realista, la forma como enfrentamos los problemas. En entrevista, Varma, autora de Optimismo práctico y profesora en New York University Langone Health, explicó que ser optimista no es ser ingenuo o negar las adversidades, sino cambiar nuestra respuesta a ellas. El optimismo es generalmente la expectativa de que sucederán cosas buenas.
El optimismo práctico lleva esa expectativa a la práctica. Es más que una mentalidad, es un conjunto de habilidades, herramientas y acciones. Lo concibo como el puente entre una perspectiva positiva y un resultado aún más positivo, a través de la acción. No se puede garantizar el resultado, pero sí se puede influir en cómo nos preparamos, respondemos y buscamos apoyo.
La positividad tóxica dice: “No te preocupes, todo estará bien” y cierra la conversación. El optimismo práctico comienza reconociendo lo que realmente está mal y pregunta: “¿Qué puedo hacer frente a lo que estoy enfrentando? ” A veces la respuesta es resolver un problema. Otras veces es pedir ayuda o aceptar que algo no se puede cambiar.
La resiliencia es la capacidad de adaptarse a la adversidad, a menudo descrita como la capacidad de recuperarse. El optimismo, el humor, las habilidades de afrontamiento flexibles y el altruismo pueden contribuir a fortalecer esta capacidad. El optimismo práctico también nos invita a reflexionar sobre cómo podemos ir más allá de la recuperación para alcanzar un, traté a personas que habían perdido a seres queridos, habían resultado heridas, habían perdido sus hogares o habían presenciado un sufrimiento inimaginable.
Lo que me llamó la atención fue un subconjunto de pacientes que no cumplían los criterios de ansiedad, depresión o, incluso durante su propia recuperación. Esto me dio mucha esperanza. Esa observación ayudó a dar forma a mi comprensión del optimismo práctico. No era una prueba de que el optimismo por sí solo explicara sus resultados, pero me hizo sentir curiosidad por las habilidades y los recursos que ayudaban a las personas a mantenerse comprometidas con la vida.
‘La inteligencia artificial no te ama, aunque estés enamorado de ella’: los riesgos detrás de las 'relaciones' con estas tecnologías Algunas personas tienen un temperamento naturalmente esperanzador. Otras tienen que desarrollar el optimismo de forma más deliberada. Podemos aprender a cuestionar las predicciones catastróficas, regular las emociones difíciles, pedir ayuda cuando la necesitamos y elegir interpretaciones que dejen espacio para posibilidades más esperanzadoras. Algunas personas pueden pensar que tener una visión optimista es ser ingenuo, especialmente ante contextos difíciles...
La ingenuidad ignora la información. El optimismo práctico exige tomar la información en serio, incluso aquella que desearíamos que no fuera cierta. Imagina recibir un diagnóstico médico alarmante. Una respuesta pesimista podría ser: “Nada me ayudará, ¿para qué preocuparme?
”. Un optimismo tóxico podría sonar como: “Seguro no es nada. Todo va a estar bien”. El optimismo práctico dice: “Necesito entender el diagnóstico, preguntar sobre el tratamiento y encontrar el apoyo que necesito”.
No estás negando la gravedad de la situación. La estás afrontando, preservando tu capacidad de respuesta. Un optimista práctico no necesita creer que el mundo es seguro o justo, sino que puede trabajar en su capacidad de respuesta, adaptación y búsqueda de apoyo. Esto deja espacio para la incertidumbre sin renunciar a todas las posibilidades.
¿Es decir que el optimismo puede coexistir con emociones tradicionalmente vistas como negativas, como el dolor o el enojo? Absolutamente. Procesar las emociones es uno de mis ocho pilares porque no se puede construir una práctica útil negando la propia experiencia. El dolor y la gratitud pueden coexistir.
Puedes extrañar profundamente a alguien y sentirte agradecido por la relación que tuviste. La ira puede estar diciéndote que algo es injusto o que se ha cruzado un límite. La pregunta es qué haces con esa información. En situaciones que no se pueden solucionar, vuelvo a una pregunta: “¿Es esto un problema a resolver o una verdad a aceptar?
”. La aceptación puede ser dolorosa pero también puede liberarte para dirigir tu energía hacia lo que aún es posible. Por otra parte, el pesimismo puede interferir con nuestra capacidad para abordar un problema. Si creemos que nada puede ayudar, podríamos dejar de hacer lo que sí podría.
Reconocer el peligro es necesario. El fatalismo es donde nos quedamos atascados: “Este es un problema grave” y “No tiene sentido intentarlo” son conclusiones muy diferentes. Creo que la desesperanza puede reforzarse socialmente. Si en cada conversación se descartan las soluciones y se trata a cualquiera que se esfuerce como ingenuo, la gente puede empezar a sentirse avergonzada de preocuparse o de intentarlo.
Pero la acción también puede influir en un grupo. Si alguien empieza a organizarse, ofrece ayuda o hace que un problema parezca más manejable, otros pueden ver algo a lo que unirse. No necesitamos convencer a todo el mundo de que el futuro será maravilloso. Necesitamos preservar suficientes posibilidades para que la gente esté dispuesta a participar en su construcción.
, que incluyó a más de 229.000 personas, encontró que un mayor optimismo se asociaba con un riesgo relativo un 35 por ciento menor de eventos cardiovasculares, y si bien estos son hallazgos observacionales y no demuestran que enseñar optimismo produzca los mismos beneficios para la salud, nuestra perspectiva sí puede influir en cómo abordamos los comportamientos y decisiones que afectan los resultados. Si una persona cree que nada la ayudará, puede resultarle más difícil buscar tratamiento, pedir ayuda o perseverar ante un cambio difícil.
Ayudarla a ver una posibilidad viable puede abrirle la puerta a esos comportamientos. Socialmente, esto podría significar aceptar una invitación en lugar de aislarse. Emocionalmente, podría significar experimentar un revés sin concluir que todo su futuro está arruinado. Nada de esto significa que el pensamiento positivo cure las enfermedades.
Tampoco debemos hacer sentir responsable a una persona enferma por tener una actitud equivocada. Si doy por sentado que nadie quiere saber de mí, puede que nunca me ponga en contacto. Si alguien no responde y concluyo inmediatamente que no importo, puede que me aísle. El optimismo práctico me invita a considerar si existe otra explicación y si una conversaciónLas investigaciones sugieren que subestimamos cuánto aprecian las personas de nuestro círculo social un mensaje o una llamada inesperada.
Ese viejo amigo al que has querido contactar puede alegrarse mucho más de saber de ti de lo que imaginas. También se necesita esperanza para reparar una relación. Hay que creer que expresar una necesidad o reconocer un error puede marcar la diferencia. Pero el optimismo requiere discernimiento.
No exige que sigas invirtiendo en alguien que te ignora repetidamente. Puedes aceptar los límites de una relación sin concluir que una amistad significativa no está a tu alcance. Empieza con la intención. Distingo entre Propósito con P mayúscula y propósito con p minúscula.
El Propósito con P mayúscula podría ser la dirección más amplia de tu vida. El propósito con p minúscula puede ser lo que esperas aportar a una conversación particular, una reunión o un día. Luego, trabaja con lo que sientes. Yo uso una secuencia: nómbralo, reconócelo, domínalo, reformúlalo.
Nombra la emoción. Reconócela y observa dónde la sientes en tu cuerpo. Domínala con una práctica que te ayude a disminuir su intensidad, tal vez una breve meditación o un paseo. Luego, reformúlala:"¿Hay otra manera de entender esto que me dé más margen para responder?
". Finalmente, elige una acción manejable. Si te sientes solo, envía una invitación específica. Si una tarea parece imposible, identifica la primera parte que puedes completar.
A veces, una pequeña acción te da la evidencia que necesitas para sentirte más capaz. El primero, ‘Propósito’: identifica e invierte en metas auténticas que te motiven e inspiren. Luego está el ‘Procesamiento de las emociones’: profundiza tu conciencia emocional y aprende a responder a tus sentimientos. En tercer lugar, ‘Resolución de problemas’: combina la intuición, la lógica y la regulación emocional para abordar las dificultades.
El cuarto es ‘Orgullo’: cuestiona los pensamientos autocríticos y desarrolla una autoestima que no dependa de tu último logro. El quinto, ‘Competencia’: fortalece la confianza en tus habilidades desarrollándolas y practicándolas. El sexto es ‘Presente’: gestiona la preocupación y vuelve a centrarte en tu vida. El séptimo pilar, ‘Personas’: desarrolla una práctica de relaciones contigo mismo y con los demás que fomente conexiones significativas.
El último es ‘Hábitos saludables’: crea y mantén rutinas que favorezcan tu bienestar físico y mental. También puede enriquecer la vida cotidiana. No quiero que la gente espere a tener una crisis antes de preguntarse qué hace que la vida sea significativa o agradable. Muchas personas se vuelven muy buenas para cumplir con sus obligaciones mientras posponen lo que les hace sentirse vivos.
El marco que propongo te pide que prestes atención a esas partes de la vida ahora. Necesitamos habilidades que nos ayuden a soportar cosas difíciles. También necesitamos permiso y práctica para disfrutar de lo que ya está aquí. Con el tiempo, puede volverse más natural hacer una pausa antes de creer un pensamiento catastrófico, pedir ayuda con anticipación o identificar qué está aún bajo tu control.
Pero tendrás días difíciles. El dolor, el agotamiento o una transición importante pueden hacer que las habilidades conocidas sean más difíciles de acceder. Eso no significa que hayas fracasado. No mediría el éxito por tu estado de ánimo.
Me preguntaría si tienes más opciones para responder ante una situación: ¿Puedes sentirte decepcionado sin abandonar el objetivo por completo? ¿Puedes reconocer cuándo la perseverancia es útil y cuándo un cambio de rumbo te beneficiaría más? Ese es un resultado mucho más útil que sentirse positivo todo el tiempo. Regístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses.
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